Madrid

La presumible presión a todo campo del Liverpool exigirá, a simple vista, que el Real Madrid deba conducir su salida –no una ni dos veces- de manera exterior: con lo que, de conseguirlo, se aseguraría hasta tres certezas de una misma tacada: en primer lugar, si consiguiese orientar su ejercicio de forma lateral, esto, teóricamente, le garantizaría mayores beneficios que la ruta más primigenia ante este tipo de escenarios (el balonazo en largo); pues ahí lo más lógico es que la corpulencia y la destreza aérea de Lovren y Van Dijk se impusiera en numerosas ocasiones al juego de espaldas de Cristiano y su(s) acompañante(s). Por otro lado, si el Madrid lograse llevar a cabo este ejercicio a través de Carvajal y Marcelo, en ese contexto: la mera presencia de los dos laterales, el pie derecho de Sergio Ramos o la ‘lateralización’ de Kroos a la hora
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de compensar las subidas del brasileño conseguirían contrarrestar, en gran medida, la agresividad defensiva de este Liverpool a través de un doble prisma: obligándole a acudir más lejos en su presión, haciéndole ensanchar sus esfuerzos dentro del 4-4-2 (en defensa); lo que, por otro lado, le llevaría a no depender tanto –como ha hecho hasta ahora- de su robo en el carril central: desde donde le es muchísimo más sencillo transitar (a toda pastilla) con sus tres delanteros.
Por último, pero no por ello menos importante, conviene insistir nuevamente en que la tarea de Marcelo y Carvajal, en contacto con Modric, Kroos, Isco y/o Benzema será, al menos sobre el papel, de vital importancia para llevar el esférico hacia la única zona en la que el equipo –si congeniasen bien todos sus hombres- podría sentirse algo más aliviado ante una pérdida: los picos del área. Estos, en ambos perfiles, serán –o deberían ser-, la segunda meta que ansíe Zidane para el partido, tras la delgadísima línea que separará a Loris Karius de caer al abismo. Un sector que, no obstante, demandará al Real Madrid una colectivización y una cobertura constante para sus laterales, en pos de que el plan pueda ser un éxito ante la incesante amenaza que suponen Salah, Firmino y Mané; quienes siempre han demostrado un enorme entendimiento del tiempo y los espacios. Si el Real Madrid, dicho de otra forma, consigue llegar hasta esta(s) zona(s) –los picos del área- será, ante todo, porque ha llegado allí junto, en un mismo bloque, que es lo que más destrezas –arriba y abajo- exigiría de este Liverpool; que si de algo no puede alardear (tanto como del contragolpe) es de su inventiva sobre dimensiones muy reducidas.
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Los números hablan por sí solos. El Real Madrid cuenta a estas alturas de la película con hasta cuatro (Kroos, 461; Isco, 367; Modric, 361; Marcelo, 330) de los diez futbolistas que más pases buenos han completado en campo rival durante esta Champions. Algo que, de cara al próximo sábado, Zidane deberá poner en valor para tratar de superar, a golpe de calidad, las distintas pruebas que le vaya planteando su homólogo alemán. Y en esas, los papeles de Marcelo y Carvajal son sumamente importantes para el equipo, dada la complementariedad del uno con el otro y para el juego colectivo.